Alocución de apertura del Director General de la OMS en la sesión informativa para los medios de comunicación — 18 de marzo de 2026

18 de marzo de 2026

Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

En las dos últimas décadas se ha logrado uno de los mayores avances para la salud mundial: la mejora de la supervivencia infantil.

En el año 2000, más de 10 millones de niños murieron antes de cumplir cinco años.

Pero, según las nuevas estimaciones publicadas por la OMS, el UNICEF y otros asociados, esa cifra se ha reducido a menos de la mitad: en 2024 se registraron 4,9 millones de muertes.

Millones de niños siguen vivos gracias a las inversiones realizadas por los países y sus asociados en intervenciones de eficacia demostrada, como las vacunas, la atención cualificada durante el parto, el tratamiento de la malnutrición aguda grave y el refuerzo de la atención primaria.

Estos progresos muestran hasta dónde podemos llegar cuando existe un compromiso real con la protección de la salud de los niños más pequeños y vulnerables.

Aun así, cada una de esas 4,9 millones de muertes infantiles debería haberse evitado.

Desde 2015, el descenso de la mortalidad infantil se ha ralentizado de forma notable.

El África subsahariana continúa siendo la región con la mayor mortalidad de menores de cinco años: en 2024 perecieron allí alrededor de 2,8 millones de niños pequeños.

Cada día fallecen unos 6300 recién nacidos.

Las causas más frecuentes son las complicaciones derivadas de la prematuridad y del parto.

Entre los niños que sobreviven al primer mes de vida, el paludismo, la neumonía y la diarrea siguen cobrándose muchas vidas.

Era previsible que no se mantuviera el ritmo de descenso de la mortalidad infantil observado entre 2000 y 2015.

Los conflictos, las crisis humanitarias y las dificultades de financiación están poniendo en peligro la prestación de servicios esenciales en numerosos países.

Sin embargo, hoy sabemos que existen soluciones eficaces.

Si reforzamos la atención primaria, ampliamos la vacunación, mejoramos la atención a la madre y al recién nacido y garantizamos a todos los niños una nutrición adecuada junto con tratamientos que salvan vidas, podremos recuperar un ritmo de progreso más rápido.

Muchos países están demostrando que es posible.

Por ejemplo, Sierra Leona declaró en 2022 que la mortalidad infantil constituía una emergencia nacional.

Desde entonces, se ha examinado a casi un millón de niños para detectar la malnutrición y el número de niños no vacunados se ha reducido de 15 000 en 2024 a 9000 el año pasado.

También Macedonia del Norte ha registrado uno de los descensos más rápidos observados recientemente: desde 2015 ha logrado reducir la mortalidad neonatal en un 87 %, gracias a las mejoras introducidas en la atención obstétrica de urgencia y en la atención al recién nacido.

La OMS insta a los gobiernos, a los donantes y a sus asociados a que hagan de la supervivencia infantil una prioridad en sus políticas y en su financiación;

a concentrar los esfuerzos en quienes corren mayor riesgo;

a rendir cuentas por todos los compromisos asumidos;

y a invertir en la atención primaria, para que todos los niños tengan la oportunidad no solo de sobrevivir, sino también de desarrollarse plenamente.

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Una de las principales razones del descenso de la mortalidad infantil es la vacunación.

En 1974, solo el 5 % de los niños del mundo estaba vacunado contra enfermedades mortales, entre ellas el sarampión.

Hoy esa proporción alcanza el 85 %.

Gran parte de este avance se explica por la creación, hace más de 50 años, del Programa Ampliado de Inmunización.

Desde 1974, este programa ha contribuido a salvar la vida de más de 150 millones de personas frente a enfermedades como el sarampión, el tétanos, la difteria y la neumonía.

En numerosos países, las recomendaciones de la OMS sirven de base para definir los calendarios de vacunación: qué vacunas se administran, quiénes deben vacunarse, a qué edad y cuántas dosis se requieren, entre otras cuestiones.

Estas recomendaciones son fruto del asesoramiento del Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización (SAGE), que se reúne dos veces al año para examinar de forma independiente los datos más recientes y asesorar a la OMS.

La semana pasada, el Grupo celebró su primera reunión de este año, en la que formuló recomendaciones sobre las vacunas contra la COVID-19, la fiebre tifoidea y la poliomielitis.

El cambio más importante se refiere a la fiebre tifoidea. El SAGE ha modificado su recomendación de 2018 y ahora señala que los países con una elevada carga de esta enfermedad deberían considerar la posibilidad de administrar una dosis de refuerzo alrededor de los cinco años de edad para mantener la protección.

En lo que respecta a la COVID-19, el SAGE examinó datos acumulados durante más de cinco años sobre la seguridad y la eficacia de las vacunas y concluyó que presentan un perfil de seguridad muy favorable.

El Grupo sigue recomendando que los países vacunen de forma sistemática contra la COVID-19 a los grupos con mayor riesgo de presentar cuadros graves, como las personas mayores, las que viven en centros de atención y quienes tienen inmunodepresión moderada o grave.

Además, formuló nuevas recomendaciones para otros grupos de riesgo, como las embarazadas y los niños, que los países pueden tener en cuenta.

En cuanto a la poliomielitis, indicó que los países que administran tres dosis de vacuna inactivada pueden reducir de tres a dos las dosis de vacuna antipoliomielítica oral.

Estas recomendaciones son importantes para mejorar la seguridad y los efectos de las vacunas con el fin de erradicar esta enfermedad.

Quiero dar las gracias al SAGE por sus recomendaciones, que he adoptado.

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El próximo martes, 24 de marzo, se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis.

La tuberculosis es otra enfermedad que sigue causando un grave problema de salud, frente al cual el mundo ha logrado avances importantes.

Desde el año 2000, las actividades emprendidas para combatirla han permitido salvar la vida de unos 83 millones de personas, según las estimaciones.

Sin embargo, los recortes en la financiación de la salud en todo el mundo y el aumento de la resistencia a los medicamentos amenazan con revertir estos avances.

Cada día, más de 3300 personas mueren de tuberculosis y unas 29 000 personas la contraen, a pesar de que es una enfermedad que se puede prevenir y curar.

Hay millones de personas que la padecen, pero no se las diagnostica ni se las trata.

Las nuevas pruebas diagnósticas están ayudando a reducir esta brecha, pero muchos países tardan en adoptarlas, en parte por su alto costo y por la necesidad de transportar las muestras a laboratorios.

La semana pasada, la OMS publicó nuevas directrices sobre el diagnóstico de la tuberculosis con el fin de ampliar el acceso y reducir los costos.

La Organización ha ampliado sus recomendaciones para respaldar el uso de nuevas pruebas que pueden utilizarse cerca del lugar donde se presta la atención, lo que ofrece a los países más opciones para descentralizar los servicios y ampliar el acceso.

Por primera vez, la OMS también formula recomendaciones sobre el uso de hisopos linguales para detectar la tuberculosis y sobre una nueva estrategia que consiste en analizar conjuntamente muestras de varias personas para diagnosticar la enfermedad con mayor rapidez y con menos pruebas.

Estos nuevos métodos podrían transformar por completo el diagnóstico de la tuberculosis. Tanto las nuevas pruebas como la estrategia de agrupación de muestras pueden reducir los costos en un 50 % o más y, al mismo tiempo, ofrecer resultados con mayor rapidez.

Al poner a disposición medios de diagnóstico rápidos y precisos, mejores tratamientos y —esperamos— una nueva vacuna contra la tuberculosis, estas innovaciones pueden salvar vidas, reducir la transmisión y cambiar el curso de la enfermedad.

La OMS insta a todos los países a ampliar el acceso a las pruebas rápidas y a otros métodos para detectar todos los casos de tuberculosis y ofrecer tratamientos sin demora.

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Por último, quisiera referirme al conflicto en Oriente Medio, que sigue afectando a la salud de la población en toda la región.

En la República Islámica del Irán se han registrado más de 1400 muertes de civiles; en el Líbano, casi 900; y en Israel, 20.

Además, miles de personas han resultado heridas en estos tres países.

En el Irán, 3,2 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares. En el Líbano, más de 1 millón de personas se encuentran en la misma situación.

Muchas de ellas viven hacinadas en refugios, lo que puede generar rápidamente riesgos para la salud.

Mientras tanto, en el Iraq, los servicios de salud afrontan una presión creciente. Esta situación afecta especialmente a los hospitales situados cerca de zonas golpeadas por el conflicto y por manifestaciones violentas.

Más de 100 000 personas han llegado recientemente a Siria procedentes del Líbano.

El acceso a la atención de salud es cada vez más difícil. Algunos establecimientos han cerrado, y las restricciones a la circulación están retrasando el traslado en ambulancia, la derivación de pacientes y el suministro de medicamentos.

Los heridos, las familias desplazadas, los pacientes con enfermedades crónicas, las embarazadas y las personas mayores deben poder acceder a servicios que prestan una atención vital.

Lo más preocupante es que continúan registrándose ataques contra la atención de salud.

En el Líbano, la OMS ha confirmado 28 ataques en los que han muerto 30 personas. Otras 25 han resultado heridas.

En el Irán, la Organización ha confirmado 20 ataques que han causado nueve muertes.

Y en Israel se han registrado dos ataques contra establecimientos de salud.

Estos atentados violan el derecho internacional.

El cierre del espacio aéreo y la congestión en las rutas marítimas han reducido el volumen de material que llega al centro logístico de la OMS en Dubái.

Hemos activado nuestros planes de contingencia y estamos buscando puertos de entrada alternativos para reabastecer este centro logístico.

También estamos trabajando con los Emiratos Árabes Unidos y con otros asociados para agrupar los cargamentos prioritarios y estudiar la posibilidad de fletar vuelos que permitan entregar suministros ante emergencias críticas.

Vamos a proseguir nuestras actividades, aunque las entregas podrían demorarse.

La OMS, a través de su Fondo para Contingencias relacionadas con Emergencias, ha desembolsado USD 2 millones para apoyar la respuesta en el Líbano, Iraq y Siria.

Nuestra Organización está haciendo todo lo posible por salvar vidas y evitar más sufrimiento.

Pero, como decimos siempre, la mejor medicina es la paz.

Christian, le devuelvo la palabra.